¿Cuántos nazis fueron reclutados en secreto en la creación de la CIA?
Muchísimos...
“Ya no es necesario—ni posible—negar el hecho: el gobierno de Estados Unidos reclutó sistemática y deliberadamente a miles de nazis activos, los rescató, los contrató, y los aprovechó ...”1
—Washington Post, comentando la investigación de Christopher Simpson (1988)
¡Fueron muchísimos!
Se quedó corto el Washington Post. En realidad fueron decenas de miles.
Hace ya mucho tiempo, en 1988, se documentó públicamente que, al terminar la Segunda Guerra Mundial, los jefes estadounidenses se apoderaron de toda la infraestructura de inteligencia que tenían los nazis alemanes en Europa del Este: Fremde Heere Ost. Multitudes gigantes de criminales de guerra, cómplices de atrocidades que sacuden a la Historia, fueron absorbidos y adoptados por el gobierno de Estados Unidos. A la criatura resultante la llamaron ‘Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos’: la CIA.
El historiador que dio a conocer esto es Christopher Simpson. El título de su libro es Blowback (Repercusiones negativas). El subtítulo ha variado un poco según las diferentes ediciones, pero en la primera fue: The First Full Account of America’s Recruitment of Nazis and Its Disastrous Effect on Our Domestic and Foreign Policy (El primer relato completo del reclutamiento estadounidense de nazis y su efecto desastroso sobre nuestra política interior y exterior).
Como sabrás, el tema que me consume es la administración de la realidad. Entonces, lo primero que me pregunto es: ¿Por qué tendría yo la necesidad de contarles sobre la investigación de Simpson? Quiero decir, esto es tremendo. Ya debería ser súper, súper famoso. Pero por experiencia puedo decirte: casi nadie sabe sobre este tema.
¿Por qué no?
Ojo, que no estamos hablando de un puñado de científicos nazis reclutados para construir cohetes para la NASA. Ésa es una historia diferente y menos escandalosa. Lo que Simpson documentó es esto: la infraestructura de inteligencia de los nazis alemanes—gente que colaboró en crímenes de guerra y genocidio—se convirtió en la infraestructura de inteligencia de posguerra de EEUU: la CIA.
¿Estamos? Mismo personal.
De hecho, el tipo que creó y dirigió la red de espías nazis que se convirtió en la CIA es el mismo general que había estado dirigiendo esa misma red de espías para Adolfo Hitler: Reinhard Gehlen.
Tienes que saberlo.
Y necesitas entender por qué no lo sabías. El Washington Post (ver epígrafe, arriba) dice: “Ya no es necesario—ni posible—negar el hecho.” Pero sí es posible silenciarlo por via del ‘abandono.’ Después del año 1988 de la publicación del libro de Simpson, ni el Washington Post ni nadie volvió a mencionar jamás la investigación de Simpson. Los académicos muy rara vez lo citan. ¿Qué modelo explica esto? Hay que darle respuesta a esa pregunta. Y a muchas otras también.
La investigación de Simpson nos presenta con información clave para entender el arco extendido de la política exterior estadounidense, pues dicha política exterior se cuece en la CIA. Entender la naturaleza de la CIA nos permite poder modelar mejor la generación de muchas políticas estadounidenses que antes parecían paradójicas, incluyendo su política en Oriente Medio en el contexto de las guerras desprendidas del ataque de Hamás contra Israel (7 de octubre, 2023).
Resumiré, a continuación, los principales hallazgos de Christopher Simpson y brindaré algo de contexto. Nuestra historia comienza con Barbie (no la muñeca).
Klaus Barbie
Ése era su nombre. Su apodo era ‘Carnicero de Lyon.’ Un monstruo.
Como jefe de la GESTAPO (policía nazi) en la ciudad de Lyon durante la ocupación nazi de Francia en la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue la cara literal del terror. Sádico patológico, se deleitaba torturando a judíos y a resistentes franceses (¡muchos miles!) antes de ejecutarlos o enviarlos a campos de exterminio.2 Sin embargo, escapó la justicia.
¿Cómo?
El 16 de agosto de 1983 se convocó una conferencia de prensa para que el investigador en jefe del Departamento de Estado, Allan Ryan, pudiera responder a esa pregunta:
Barbie había logrado (hasta ahora) escapar la justicia, dijo Ryan, porque el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) del Ejército de EEUU había estado ocultándolo de la policía francesa.
Momento. ¿Qué?
Calma. Según Allan Ryan, esto no fue nada: un error puntual, cometido enteramente de buena fe. Un tropezón fuerte, porque el CIC no sabía nada de los crímenes de Barbie.
Precisamos de un poco de contexto sobre el CIC para entender bien lo que estaba diciendo Ryan.
El CIC, o Cuerpo de Contrainteligencia del Ejército de Estados Unidos, era “la organización de inteligencia líder en las zonas de ocupación estadounidenses,” es decir, las zonas—incluida, por supuesto, Alemania—que fueron ocupadas militarmente durante algunos años por los estadounidenses “en el período inmediato de posguerra.” Como tal, el CIC fue responsable de “buscar y arrestar a miembros notables del régimen anterior,” es decir, criminales de guerra nazis.3
Así que Allan Ryan estaba diciendo esto: los escandalosos crímenes cometidos en la ciudad de Lyon por el jefe local de la GESTAPO, Klaus Barbie—el famosísimo ‘Carnicero de Lyon,’ sin duda un miembro notable del régimen anterior—eran por alguna razón inexplicable desconocidos para los cazadores de nazis profesionales del CIC.
Parece… difícil de aceptar.
Pero la inverosimilitud no es aquí el mayor defecto. Porque, pongamos atención, el gobierno estadounidense confesó que el Cuerpo de Contrainteligencia había ocultado a Klaus Barbie de la policía francesa. Y la siguiente observación obedece a las leyes elementales de la lógica: cuando ocultas a un criminal de guerra de la policía, es porque conoces sus crímenes de guerra.
Allan Ryan no cortejaba el absurdo—le hacía el amor—. Y eso debió motivar sospechas sobre sus otras afirmaciones.
Según Ryan, le fue imposible encontrar evidencia alguna de otros criminales de guerra nazis, así fuere uno nada más, que hubiesen sido contrabandeados y reclutados por el gobierno de Estados Unidos.
Ryan insistió, también, que no había conspiración de alto nivel en el caso Barbie. Los burócratas importantes eran por supuesto completamente inocentes de cualquier delito. Los responsables de proteger y reclutar a Klaus Barbie habían sido un puñado de miembros del personal del CIC, de bajo nivel, actuando completamente por su cuenta. Sin embargo, no se trataba de agentes desbocados (lo que en inglés llaman rogue agents) porque—mira, todo esto fue sólo un error inocente—. Tenían buenas intenciones. (Empero, nadie los autorizó; no había política alguna, como tal, para proteger y reclutar nazis).
Y por si alguien tenía la duda, Ryan añadió—sin que le hicieran la pregunta—que otras agencias gubernamentales no estaban involucradas.
“La Agencia Central de Inteligencia (CIA), en particular, recibió un certificado de buena salud en el caso Barbie y, por implicación, en otros incidentes en los que se alega que la agencia tuvo tráfico con criminales de guerra fugitivos”.4
Fue una afirmación francamente orwelliana, por poner el mundo precisamente de cabeza. Porque la CIA estaba constituida, de pies a cabeza, de criminales de guerra fugitivos, como demostraría algunos años después, en 1988, Christopher Simpson.
Pero, ¿por qué fue necesario Simpson? Es decir, siendo que Ryan obviamente estaba algo nervioso,
¿Cómo es posible que, en 1983, los ciudadanos estadounidenses aceptaran sus afirmaciones?
¿Por qué no exigieron una investigación ampliada?
Mi interés en la administración de la realidad (the management of reality) me obliga a tratar de entender este aspecto de nuestro Universo: las leyes antropológicas que rigen la credulidad. A continuación me detengo un instante en esto.
La antropología de la credulidad
El contexto simbólico es, en mi opinión, muy importante.
Allan Ryan no era un simple investigador del Departamento de Justicia; era una personalidad gigante dentro del sistema de creación de significados y prestigio del mundo occidental. Veamos el resumen de Wikipedia :
“Allan A. Ryan Jr. (3 de julio de 1945 - 26 de enero de 2023) fue un abogado, autor y profesor de derecho estadounidense en la Universidad de Harvard, donde enseñó desde 1985 hasta su muerte. Es mejor conocido por su trabajo como abogado del Departamento de Justicia, responsable a principios de la década de 1980 de identificar y procesar a docenas de colaboradores nazis que vivían en Estados Unidos, lo que le valió la reputación de ser el principal cazador de nazis en Estados Unidos.”
Comparto mi hipótesis, entonces, de cómo funciona esto.
Allan Ryan fue presentado como una figura de altísimo prestigio institucional: el “principal cazador de nazis en Estados Unidos,” trabajando para el Departamento de Justicia. Cuando la mente humana es golpeada con un estimulo de prestigio como Ryan, cualquier escepticismo sobre sus informaciones es radicalmente debilitado, y nos ponemos blanditos, listos a creerle y copiarle cualquier cosa. Es un fenómeno que Joe Henrich y un servidor, siguiendo los pasos de Robert Boyd y Peter Richerson, explicamos hace años en un paper que detonó un campo entero de investigación sobre el fenómeno del prestigio como fuerza motriz en la transmisión cultural.
Ponerse dócil ante las informaciones de alguien con prestigio es una adaptación psicológica, de beneficio obvio en círculos sociales pequeños, como fueron las sociedades de nuestros ancestros. Ahí todo mundo se conoce y es imposible que alguien se prestigie sin poseer conocimientos o habilidades valiosas y superiores. Por lo cual tiene sentido confiar en dichas conocimientos. Pero en nuestras sociedades modernas de millones de personas con comunicación masiva y estructuras institucionales complejas se multiplican las interacciones anónimas. No nos conocemos todos. Por ende, aquí florecen las ambigüedades. Los jefes gringos pueden aprovechar esas ambigüedades para fabricar símbolos de prestigio y con ellos manipularnos.
Ejerciendo control sobre los medios de comunicación, el establishment académico, y las instituciones del Estado, los jefes pueden crear y producir cualquier personalidad y tejer en torno ella la narrativa que gusten. Pueden hacer famoso a un abogado como el “principal cazador de nazis de Estados Unidos,” el héroe del Departamento de Justicia. Y pueden luego sacarlo al escaparate para que, con dicho prestigio, exonere al gobierno de Estados Unidos de cualquier sospecha de estar protegiendo y usando nazis en secreto. (Luego habrá una plaza de prof en Harvard, la universidad más famosa y rica del mundo.)
El ciudadano que escucha al “principal cazador de nazis en Estados Unidos” no sabe cómo resistir cuando Ryan dice que solo fue Klaus Barbie. Que no hubo otros nazis. Que fue un simple error: que el gobierno es inocente. Todos son inocentes. El ciudadano siente alivio: ¡menos mal! El gobierno es bueno—ya lo dijo un santo—. Lo último que se le ocurre es que ese santo—el “principal cazador de nazis en Estados Unidos”—pudiera estar ¡encubriendo el reclutamiento de nazis!
Pero por si a alguien sí se le ocurriere, eso se acolchona con el efecto de las instituciones mediáticas. Allan Ryan dijo todo lo que dijo a los grandes medios de masa, y los periodistas no lo retaron—lo retransmitieron—. Esto es muy importante.
Aquí opera un supuesto base del cual—pese a lo ya documentado—el ciudadano occidental se aferra con tozudez: que los medios noticieros son supuestamente un mercado más o menos libre de empresas de noticias que son autónomas de los gobiernos e independientes unas de otras. Bajo ese modelo, uno supone que los medios no se benefician de proteger al gobierno sino de exhibir sus escándalos, y que nada mejor que sorprenderlo con nazis en el armario (así vendes más periódicos, etc.). En 1983, una mayoría de estadounidenses sin duda tenía ese modelo de los medios en la cabeza (y todavía…).
Bajo la influencia de este modelo, tu mente subliminalmente calcula: si hubiera cualquier razón para pensar que Allan Ryan encubre al gobierno, ¡los medios correrían a exhibirlo! Pero los medios corrieron, por el contrario, a corear las afirmaciones de Ryan:
“United Press International, por ejemplo, publicó el título REPORTE DEL INVESTIGADOR: BARBIE FUE LA EXCEPCIÓN, NO LA REGLA, y citó a [Allan] Ryan indicando que la pesquisa del Departamento de Justicia ‘no había descubierto evidencia de que hubiera algún otro ex nazi a quien Estados Unidos hubiera protegido de la justicia.’ El programa Nightline de ABC TV presentó a Ryan en su transmisión esa noche. Ryan dijo que Estados Unidos había ‘reclutado inocentemente a Barbie, sin estar consciente de su papel en Francia... [y que] el caso de Barbie no era típico.’ Ante el interrogatorio de Ted Koppel, Ryan amplió el tema. Era ‘muy probable que no se hubieran empleado a otros funcionarios como se hizo con Klaus Barbie... [y] con esto cerramos el expediente.’ ”5
¡Con esto cerramos el expediente!
Despúes de esto, proponer en voz alta que Ryan ayudaba a encubrir un reclutamiento masivo de nazis sería pelearse, no con un argumento, sino con el contexto, con la… ‘estructura del Universo.’ Eso es mucho más difícil.
Por eso los ciudadanos estadounidenses no pudieron razonar sobre lo que Ryan estaba diciendo. Escucharon nada más su tono apaciguador: todo está bien, solo fue un nazi, no teman.
Y se sintieron aliviados.
Pero alguno que otro, más suspicaz, se quedó frío al ver el exceso de énfasis (porque el que mucho se excusa, como decimos, mucho se acusa). Uno de ellos fue Christopher Simpson. La pregunta obvia:
¿Había una razón especial para que todo esto sucediera en el año de 1983?
Sí que la había.
A principios de 1983, el gobierno de Bolivia, el país donde se escondía Barbie, había encontrado, arrestado, y extraditado a Barbie a Francia para que fuera juzgado. Al parecer, los jefes gringos no pudieron controlar este proceso legal en Francia, y en el juicio de Barbie se documentaron sus vergonzosos vínculos con el gobierno estadounidense. Fue entonces que mucha gente comenzó a hacerse una pregunta incómoda:
¿Acaso los jefes estadounidenses estaban protegiendo y reclutando nazis en secreto?
Atento a eso, el gobierno de Estados Unidos se apresuró a investigarse a sí mismo y designó a Allan Ryan, “el principal cazador de nazis de Estados Unidos,” para dicha tarea. En agosto de 1983, apenas unos meses después, Ryan había dado carpetazo al expediente. Conclusión: Tranqui: era nada más Barbie. Los jefes gringos no estaban protegiendo ni utilizando a nazis. Corte al aplauso de medios: Bravo.
Pero la ‘conclusión’ de Ryan era falsa. Apenas cinco años después, el Washington Post escribía esto:
“Ya no es necesario—ni posible—negar el hecho: el gobierno de Estados Unidos reclutó sistemática y deliberadamente a miles de nazis activos, los rescató, los contrató, y los aprovechó ...”6
El Post comentaba sobre “la investigación de archivos de Christopher Simpson,” quien, provocado por las extrañas actuaciones de Allan Ryan, había buscado en una montaña de “documentos ... desclasificados bajo el Freedom of Information Act.” De ese trabajo surgió Blowback: El primer relato completo del reclutamiento estadounidense de nazis y su efecto desastroso sobre nuestra política interior y exterior.
¿Para qué tareas específicas fueron reclutados todos esos nazis?
Según los hallazgos de Simpson, muchos de estos nazis, incluidos algunos que “participaron en las peores atrocidades cometidas por el régimen nazi”—a saber: genocidio—pasaron a formar parte de la Organización Gehlen—o ‘Gehlen Org’—con su sede de posguerra en Pullach (suburbio de Munich).7
Aquel grupo recibió dicho nombre en honor a Reinhard Gehlen, anteriormente “el oficial de inteligencia militar de mayor rango de Hitler en el frente oriental,” especializado en obtener información vital para Hitler torturando hasta la muerte a millones de prisioneros de guerra soviéticos (muchos fueron lentamente matados de hambre). A cambio de la protección estadounidense, Gehlen había recompuesto para los gringos la red de espionaje de Hitler.8
¿Qué tan importante fue la ‘Gehlen Org’? Fue de una importancia aplastante, porque Estados Unidos no tenía entonces mucha infraestructura de inteligencia.
Probablemente hayas oído hablar de la famosa Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) creada durante la Segunda Guerra Mundial, siempre mencionada como la supuesta ‘precursora’ de la CIA. Pero la OSS era pequeña y, como documenta Simpson, fue destruida casi por completo al final de la guerra cuando supuestos ‘comunistas’ (identificados por su antinazismo inflexible) fueron purgados.9 No había quedado casi nadie de la OSS en la nómina del gobierno estadounidense para engendrar la CIA en 1947. Por lo tanto, es engañoso decir que una ‘inteligencia estadounidense’ preexistente absorbió a los nazis de Gehlen; más bien, la infraestructura de inteligencia estadounidense de posguerra no era sino aquel grupo de nazis reunidos otra vez por Gehlen.
Escribe Simpson,
“Durante los primeros años de la CIA ... los informes y análisis de Gehlen a veces simplemente se reescribían en membrete de la CIA y se presentaban al Presidente Truman sin mayor comentario...”10
Eran Gehlen (y sus espías nazis) quienes hacían todo el trabajo y enseñaban a los estadounidenses cómo hacerlo.
Y aquí hay un tema más grande, porque muchos nazis alemanes y sus colaboradores—además de aquellos emplazados en Europa con la Gehlen Org—terminaron en otros espacios, también en la nómina del gobierno estadounidense.
Algunos recibieron pasaportes estadounidenses y fueron importados para trabajar en inteligencia y propaganda dentro de Estados Unidos; otros recibieron pasaportes estadounidenses y fueron integrados en el ejército estadounidense (muchos en las Fuerzas Especiales o ‘Boinas Verdes’); otros recibieron pasaportes estadounidenses y fueron importados a suelo estadounidense para fungir como supuestos ‘gobiernos en el exilio’ de los países tras la Cortina de Hierro soviética, y recibieron grandes presupuestos para organizarse y presionar al Congreso de EEUU para que aprobase política ‘anticomunista.’11
(Durante la persecución nazi, por contraste dramático, se negó la entrada a EEUU a los judíos; incluso a quienes ya estaban en lista de espera para obtener visas.)
Las profecías de Maurice Joly
Los jefes gringos estaban cumpliendo las profecías de Maurice Joly, hechas a finales del siglo 19.
Joly había advertido que, si los ciudadanos democráticos occidentales autorizaban la creación de servicios secretos, los burócratas inundarían con sus agentes secretos todo el sistema y se apoderarían clandestinamente de todas las instituciones ciudadanas: partidos políticos, medios de comunicación, ONGs, universidades, etc. Destruirían la democracia pero manteniendo la fachada.
Los jefes gringos hacían precisamente eso, empleando nazis para dicha faena.
De hecho, lo mencionado aquí es la punta del iceberg. Nuestros jóvenes ya no saben nada de esto, pero, a partir de las revelaciones de 1967 publicadas en la revista Ramparts sobre la captura, por parte de la CIA, de la Asociación Nacional de Estudiantes (National Student Association), siguió toda una década de averiguaciones y escándalos que reveló cuán profunda la penetración clandestina de la CIA en la vida democrática institucional de EEUU.
Pero no obstante dichas revelaciones dramáticas, la enfermedad había avanzado demasiado. El sistema no pudo aliviarse: la democracia no fue restaurada.
Dicho de otra manera: los nazis permanecieron en el poder.
¿Qué pasó con Alemania?
Una pregunta obvia es: si los jefes gringos hacían eso con Estados Unidos, utilizando nazis alemanes y sus colaboradores, entonces, ¿qué hacían con Alemania? ¿Acaso Alemania fue realmente desnazificada después de la guerra?
No según el responsable de realizar dicho trabajo: el abogado del Departamento de Justicia James Stewart Martin, quien acusó en su libro All Honorable Men, publicado en 1950, que el gobierno EEUU había saboteado completamente sus esfuerzos por desnazificar a Alemania.
De hecho, lo ocurrido en Alemania fue todo lo contrario, y la cosa empeoró luego de publicado el libro de Martin.
“La Organización Gehlen,” nos dicen, “pasó a ser responsabilidad de la CIA, que continuó la relación hasta 1956.”12 Pero la relación no terminó en 1956. Lo que sucedió fue esto: en 1956, los jefes alemanes obedecieron las órdenes de sus amos, los jefes gringos, y “la organización de Gehlen se convirtió en el Bundesnachrichtendienst (BND), la agencia de inteligencia exterior de Alemania Occidental.”13
Espera a que caiga la ficha…
Todo se mantuvo consistente. El BND se fundó allí mismo en Pullach, en los antiguos Cuarteles del Fuhrer. Y, naturalmente, el BND también se puso a espiar a los alemanes. Cuando Gehlen se retiró en 1968, otro general nazi, Gerhard Wessel, tomó el mando de la totalmente nazi ‘Gehlen Org’/BND.14
Ahora bien, ésta es una historia para las portadas de los diarios (nunca vista allí15): la elite de poder estadounidense regresó a los nazis al poder en Alemania.
Y no sólo ahí. Las operaciones clandestinas de la CIA—organizadas por y a través de la Gehlen Org, vistieron a los fascistas con traje y corbata ‘democristianos’ y los regresaron al poder en otras partes de Europa.16
¿Cuáles son las ramificaciones de todo esto?
Discutiremos las ramificaciones de todo esto en varios artículos. Pero quiero dejarte aquí con dos direcciones que ya puedes explorar.
La primera se refiere al contexto de trasfondo. En otras palabras, ¿cómo tendrían que ser los jefes gringos para que pensaran siquiera en proteger y reclutar a todos esos nazis para sí? ¿No tendrían que ser ellos mismos también nazis?
Para nada, según una muy sonada apología presentada a favor de los jefes gringos: que supuestamente necesitaban reclutar a todos esos nazis para luchar contra el comunismo. La afirmación es tan común que escucharla repetida hasta el cansancio por nuestras autoridades culturales en los grandes medios y el establishment académico quizá te haya convencido de aceptar su presunta ‘lógica.’ Examinaré detenidamente esta disculpa—como decir que tu médico necesita que bebas un vaso de cianuro para matar a tu cáncer—en un artículo futuro.
Por ahora, te dejo con un hecho documentado poderoso: incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, los jefes gringos ya eran, y habían sido durante mucho tiempo, los líderes internacionales del movimiento eugenista (eugenésico), y, con su financiamiento y apoyo intelectual, el eugenismo (eugenesia) se convirtió en el nazismo alemán.
Y cabe preguntar: ¿No se sentiría tentado el ejército estadounidense, tan ansioso por reclutar nazis (porque ellos iniciaron ese proceso), a tratar a los ciudadanos estadounidenses como ratas de laboratorio, a la manera de los médicos criminales nazis? Es un hecho histórico (documentado en el Congreso de los Estados Unidos) que en verdad fueron tentados y sucumbieron a dicha tentación.
Otra pregunta, hacia adelante, es: ¿cuál ha sido realmente la política exterior de Estados Unidos en la posguerra?
Porque muchos nos han afirmado a lo largo de los años que la política exterior estadounidense se construye en torno a una relación muy especial y muy positiva que supuestamente tienen los jefes gringos con el Estado de Israel, cuya seguridad los jefes gringos supuestamente se esfuerzan—hasta el cansancio—en proteger.
Ahora bien, lo menos que se puede decir sobre la CIA es que tiene un papel bastante importante en la configuración de la política exterior estadounidense. Entonces, la pregunta es: ¿Acaso es creíble que un nido de criminales de guerra nazis, cómplices del mayor genocidio antijudío de la historia, se hubiese convertido en el aliado más fiel del Estado judío?
¿No es más probable que estos criminales de guerra nazis trabajaran duro para preparar la destrucción genocida del Estado judío?
¿No se verían tentados, por ejemplo, de forzar la cesión de territorio estratégico israelí a Irán, que promete repetir la Shoa (Holocausto) en Israel? Bueno, es un hecho histórico que eso precisamente es lo que hicieron los jefes gringos.
Y no se sentirían tentados, si pensaran que pudieran salirse con la suya, insertar a la prole de los nazis alemanes dentro del Estado judío. Bueno, pues es un hecho histórico que eso precisamente es lo que hicieron los jefes gringos:
Por supuesto, todo esto impone la pregunta: ¿qué estaban haciendo realmente los jefes gringos en la Segunda Guerra Mundial? (Ya tocaremos ese tema.) Por el momento, tienes algunas aventuras para elegir. ¡Elige tu propia aventura…!
‘Uncle Sam’s Nazi’s’; The Washington Post; April 24, 1988; Sunday, Final Edition, BOOK WORLD; PAGE X11; 905 words; Peter Grose, REVIEW.
https://www.washingtonpost.com/archive/entertainment/books/1988/04/24/uncle-sams-nazis/d75881c2-5d80-436e-89ce-df8a4d1cf539/
La historiadora Guyora Binder escribe:
“Nacido cerca de la frontera francesa de Alemania y de origen parcialmente francés, Barbie perdió a su padre debido a los efectos persistentes de una herida de la Primera Guerra Mundial en 1933. Al año siguiente, Barbie se graduó de la escuela secundaria. Al verse sin un centavo y sin perspectivas de empleo, Barbie se involucró en el movimiento nazi y, en 1935, fue aceptado en las SS. “No podía unirse a las SS cualquier idiota,” Barbie ha insistido. “Tuve que estudiar derecho y filosofía.” Barbie se convirtió en teniente de la sección de inteligencia del SD en 1940. Fue destinado a la Holanda ocupada, donde participó en redadas de judíos para su deportación y ejecución. Debido a su fluidez en francés, Barbie fue trasladado a la Francia ocupada en 1942; hacia finales de año se convirtió en jefe de la Gestapo en Lyon, el centro de la actividad de la Resistencia en el Sur. Sus principales responsabilidades eran la represión de la Resistencia, de los comunistas, y de los judíos. Los historiadores estiman que más de 4,000 personas fueron ejecutadas por orden suya durante los dos últimos años de la ocupación. Además, los registros de un magistrado local indican que la Gestapo deportó a 7,591 personas de Lyon a los campos de exterminio; pero “fusilada o deportada, no hay diferencia”, supuestamente filosofó Barbie. No se sabe cuántos de estas aproximadamente 12,000 víctimas eran judíos. La reputación de Barbie como ‘Carnicero de Lyon’ se basaba también en su práctica rutinaria de torturar a presuntos miembros de la Resistencia y a judíos en un esfuerzo por descubrir a otros miembros de ambos grupos.”
FUENTE: Binder, G. (1989). Representing Nazism: Advocacy and identity at the trial of Klaus Barbie. The Yale Law Journal, 98(7), 1321-1383.
Counterintelligence Corps | From Wikipedia (consulted 20 May 2024)
https://en.wikipedia.org/wiki/Counterintelligence_Corps
Simpson, C. (1988). Blowback: America's Recruitment of Nazis and its Effects on the Cold War. New York: Weidenfeld & Nicholson. (p.xii)
Blowback, op. cit. (pp.xii-xiii)
‘Uncle Sam’s Nazi’s’; The Washington Post; April 24, 1988; Sunday, Final Edition, BOOK WORLD; PAGE X11; 905 words; Peter Grose, REVIEW.
https://www.washingtonpost.com/archive/entertainment/books/1988/04/24/uncle-sams-nazis/d75881c2-5d80-436e-89ce-df8a4d1cf539/
Christopher Simpson escribe que
“al menos media docena, y probablemente más, del primer personal [de Gehlen] de cincuenta oficiales [de posguerra] eran ex hombres de las SS o del SD, incluido el Obersturmführer de las SS Hans Sommer (que había incendiado siete sinagogas de París en octubre de 1941)…” (a)
En el año 2005, el historiador Timothy Naftali explica que “la información recientemente publicada por la CIA y el ejército,” como consecuencia de la Ley de Divulgación de Crímenes de Guerra Nazi,
“permitirán evaluar el alcance del reclutamiento por parte de Gehlen de ex oficiales del SD [el servicio de inteligencia de las SS] y de la Gestapo. Resulta que era muy extendido. Al menos cien de los oficiales y agentes de Gehlen habían servido en el SD o la Gestapo y, de hecho, el número puede ser significativamente mayor. … algunos de los contratados habían participado en las peores atrocidades cometidas por el régimen nazi.” (b)
FUENTES EN ESTA NOTA AL PIE:
(a) Blowback, op. cit. (págs. 40, 44-45)
(b) Naftali, T. 2005. “Reinhard Gehlen and the United States,” in US Intelligence and the Nazis. Edited by R. Breitman, N. J. W. Goda, T. Naftali, and R. Wolfe, pp. 375-418. Cambridge: Cambridge University Press. (p.377)
Blowback, op. cit. (pp.40, 44-45)
Blowback op. cit. (pp.57-59)
Blowback op. cit. (p.53)
Blowback op. cit.(pp.138-42, 199-245)
“CIA Intends to Release Records on Cold War Spymaster”; Interagency Working Group (IWG); The National Archives; October 5, 2000
https://www.archives.gov/iwg/about/press-releases/cold-war-spymaster-records.html
Lo siguiente se explica en un documento de los Archivos Nacionales (National Archives) estadounidenses:
“La organización de inteligencia de Alemania Occidental establecida por el general Reinhard Gehlen ... estuvo inicialmente bajo el control del ejército estadounidense, responsabilidad asumida en 1949 por la CIA. Más tarde, la organización de Gehlen se convirtió en el Bundesnachrichtendienst (BND), la agencia de inteligencia exterior de Alemania Occidental.” (a)
Esto no es un secreto y no hay controversia al respecto (aunque es cierto que el público en general no lo conoce). Si consultas el artículo de Wikipedia sobre la Gehlen Org te dice esto:
“La Organización Gehlen o Gehlen Org (a menudo referida como La Org) fue una agencia de inteligencia establecida en junio de 1946 por las autoridades de ocupación de los Estados Unidos en la zona estadounidense de la Alemania ocupada tras la guerra, y estaba compuesta por antiguos miembros del 12.º Departamento del Estado Mayor General del Ejército Alemán (Ejércitos Extranjeros del Este, o FHO). Estaba dirigida por Reinhard Gehlen, quien anteriormente había sido general de división de la Wehrmacht y jefe de la inteligencia militar nazi en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial."
La agencia fue precursora del Bundesnachrichtendienst (BND o Servicio Federal de Inteligencia), que se formó en 1956.” (b)
Si consultas el artículo de Wikipedia sobre Reinhard Gehlen, te dice esto:
“Desde su época como jefe de la Organización Gehlen, Gehlen favoreció tanto el atlantismo como la estrecha cooperación entre lo que se convertiría en Alemania Occidental, la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos y los demás miembros de la alianza militar de la OTAN. La organización empleó a cientos de antiguos miembros del Partido Nazi y a exoficiales de inteligencia militar de la Wehrmacht.
Después de que Alemania Occidental recuperara su soberanía, Gehlen se convirtió en el presidente fundador del Servicio Federal de Inteligencia (Bundesnachrichtendienst, BND) de Alemania Occidental (1956–68). Gehlen obedeció una orden directa del canciller alemán Konrad Adenauer y también contrató a antiguos oficiales de contrainteligencia de la Schutzstaffel (SS) y del Sicherheitsdienst (SD), en respuesta a una supuesta avalancha de subversión ideológica encubierta que afectaba a Alemania Occidental procedente de los servicios de inteligencia del otro lado del Telón de Acero.” (c)
FUENTES EN ESTA NOTA AL PIE:
(a) ‘Records of the Central Intelligence Agency (RG 263)’; Interagency Working Group (IWG); The National Archives; By Dr. Richard Breitman, Professor of History, American University, IWG Director of Historical Research.
https://www.archives.gov/iwg/declassified-records/rg-263-cia-records/rg-263-report.html
El New York Times—aunque nunca apareció en primera plana—informó en ocasiones detalles interesantes sobre el general Gerhard Wessel, el ‘ex’ nazi. Por ejemplo, Wessel era “representante de Alemania Occidental en la Organización del Tratado del Atlántico Norte [OTAN]” (a).
Ah caray.
Y consideremos lo que escribió el New York Times en el obituario de Wessel:
“Gerhard Wessel, un espía de la Alemania nazi que luego dirigió la agencia de espionaje de Alemania Occidental, murió el 28 de julio en su casa de Pullach, un suburbio de Munich. Tenía 88 años.
... Se le considera el fundador del servicio de contrainteligencia de Alemania Occidental, que dirigió durante siete años. Como sucesor de Reinhard Gehlen como jefe de la agencia (conocida como BND, o Bundesnachrichtendienst), se le atribuye la modernización de la recopilación de inteligencia alemana y la limitación de algunos abusos.
Contrató a analistas académicos y expertos en electrónica para que colaboraran con los agentes y ordenó a los espías que dejaran de seguir a los alemanes dentro de Alemania.
... En 1952, el general Gehlen destacó al general Wessel, entonces coronel, de su complejo fuertemente custodiado en Pullach para ayudar a organizar los servicios de inteligencia para el nuevo ejército de Alemania Occidental. Supervisó la contrainteligencia del ejército durante siete años.
... En verdad, siempre siguió siendo un asistente del general Gehlen, ya que la Organización Gehlen fue transferida al servicio de inteligencia de la recién soberana Alemania Occidental en abril de 1956. En 1968, el general Gehlen se retiró y el general Wessel lo reemplazó.
... [Wessel] respondió inmediatamente a las demandas del gobierno para hacer reformas. El BND debía trabajar únicamente con inteligencia extranjera y evitar la vigilancia interna, dentro de la cual el general Gehlen había permitido que la agencia se desviara.” (b)
Esta es una historia bastante extraña. Según el New York Times, Wessel
“respondió inmediatamente a las demandas de reformas del gobierno. El BND debía trabajar únicamente con inteligencia extranjera y evitar la vigilancia interna, dentro de la cual el general Gehlen había permitido que la agencia se desviara.”
Y por eso Wessel “ordenó a los espías que dejaran de seguir a los alemanes dentro de Alemania”.
Sin duda Wessel dijo que hizo eso. ¿Pero realmente lo hizo?
Como también vemos arriba, Wessel, quien “siempre fue un asistente del general Gehlen”, fue enviado por Gehlen durante algunos años para crear el servicio de contrainteligencia del ejército de Alemania Occidental. De ello se deduce que Wessel era el experto en contrainteligencia de confianza de Gehlen.
¿Qué es la contrainteligencia?
El trabajo de la contrainteligencia alemana es descubrir quién espía a Alemania. ¿Cómo espían los países extranjeros a Alemania? En parte reclutando alemanes que compartirán información privilegiada. Entonces, ¿cómo combate esto la contrainteligencia alemana? Pues, “siguiendo a los alemanes dentro de Alemania.” Estas actividades luego se expanden fácilmente para incluir espionaje contra cualquier alemán, y también por razones enteramente internas, porque el poder siempre busca más poder. En todo caso, ése es el tipo de cosas que un nazi hace de forma natural. Y Gerhard Wessel, como Reinhard Gehlen, era nazi.
Además, lo más importante es que “la vigilancia interna, dentro de la cual el general Gehlen había permitido que la agencia se desviara,” era un programa del que Gerhard Wessel era directamente responsable. Fue Wessel el responsable de la “deriva” de Gehlen.
Entonces, ¿es plausible que Wessel realmente detuviera las actividades de espionaje interno que habían estado en el centro de su carrera de inteligencia?
El New York Times parece pensar que deberíamos confiar en la palabra de Wessel al respecto, porque, claro: ¿cómo iba persona alguna a dudar de la palabra de un nazi? ¿Cierto? Para nada el New York Times. ¡Esa gente está haciendo periodismo!
FUENTES EN ESTA NOTA AL PIE:
(a) “Gehlen Is Retiring as German Intelligence Chief; Gen. Wessel to Succeed Him in Bonn Post Next May 1 New Head Has Long Served on NATO Committee”; The New York Times; January 16, 1968; Page 16; By DAVID BINDER
b) “Gerhard Wessel, 88, German Espionage Chief”; The New York Times; August 3, 2002; By DOUGLAS MARTIN
El New York Times—“el periódico de referencia” (como afirma su lema: “the newspaper of record”)—siempre supo que quienes dirigían el servicio de inteligencia de Alemania Occidental eran nazis, pero siempre optó por no armar un escándalo al respecto. A continuación siguen tres ejemplos de menciones de Reinhard Gehlen, reconociendo que era un nazi, que pude encontrar en el New York Times anterior a la publicación en 1988 del libro Blowback de Christopher Simpson.
1963. La nota más pequeña en la página 5.
“RETIREMENT SEEN FOR TOP BONN SPY; Gehlen Seen Compromised by Soviet Penetration; Ex-Nazis in Key Spots”; The New York Times; July 14, 1963; Page 5; By ARTHUR J. OLSEN1972. Reseña de un libro (en la página BR3), escrita por “un ex diplomático y oficial de inteligencia estadounidense.”
“The General Was a Spy; The Truth About General Gehlen and His Spy Ring”; The New York Times; April 16, 1972; Section BOOK REVIEW, Page BR3; By CHRISTOPHER FELIX;1980. Un artículo en el New York Times Magazine sobre “La guerra de los espías” ubicado—sorprendentemente—en una sección llamada “Belleza y Salud LA CIENCIA DE VERSE BIEN” (en la página SM11).
“THE SPY WAR”; Beauty & Health THE SCIENCE OF LOOKING GOOD; The New York Times Magazine; September 28, 1980; Page SM11; By Edward Jay Epstein
Christopher Simpson documenta las campañas de posguerra de la CIA para devolver al poder a fascistas disfrazados de “demócratas cristianos” en Italia y Grecia (en ambos casos con éxito), repitiendo lo que se hizo en Alemania. (a)
Es interesante, sin embargo, considerar la excepción que confirma la regla.
Aunque los democristianos eran los favoritos de la CIA en casi todas partes, no se beneficiaron de la generosidad de la CIA en Francia. ¿Por qué no? Después de todo, como documenta el historiador Kai Bird, efectivamente hubo un programa de la CIA de posguerra para influir en la política en Francia. (b) Entonces, ¿por qué no apoyó la CIA a los demócratas cristianos franceses, organizados en el MRP (Mouvement Républicain Populaire)?
Al documentar la historia del MRP, la historiadora Carolyn Warner proporciona una pista obvia. Ella escribe que “a diferencia de otros partidos democristianos europeos, por no mencionar otros partidos franceses, el MRP no tenía ni buscaba ex colaboradores [nazis] como activistas.” (c) Aparentemente, entonces, el MRP no recibió ayuda clandestina de la CIA, que era un nido de nazis, porque el MRP evitó cualquier contacto con ex colaboradores nazis. Y es sin duda por eso que, a pesar de empezar muy fuerte, al MRP le fue tan mal que desapareció.
¿A quién le fue bien en la Francia de posguerra? A los otros partidos, los que reclutaron a ex fascistas, lo cual pudieron hacer porque la mayoría de los colaboradores de Vichy ni siquiera fueron juzgados, ya que hubo “amnistías limitadas [en] 1946 y 1947 y ... otras más amplias [en] 1951 y 1953 que dejaron sólo a los delincuentes más graves en prisión,” como explica el historiador Bertram Gordon. (d)
E incluso cuando un nuevo partido, los socialistas, tomó el poder en 1981, nada había cambiado. Consideremos que François Mitterrand, el socialista que gobernó Francia durante una década y media, había sido el mejor amigo de René Bousquet, como se documenta en la biografía de Pierre Péan, escrita con la total cooperación de Mitterrand. (e) Eso provocó un escándalo porque Bousquet había sido jefe de la policía de Vichy, el régimen francés aliado de los nazis. Para entender bien esto, consideremos lo que escriben los historiadores Michael Marrus y Robert Paxton en La Francia de Vichy y los judíos:
“Cuando los alemanes comenzaron su deportación y exterminio sistemáticos de judíos en 1942, el antisemitismo rival de Vichy les ofreció una ayuda más sustancial que la que recibieron en cualquier otro lugar de Europa ... Después de haber rogado durante años a los alemanes que recibieran de regreso a sus refugiados, los líderes de Vichy se ofrecieron a enviar judíos extranjeros de las áreas no ocupadas—algo que sólo Bulgaria, en Europa del este, hizo en una escala similar...—[En esto, la] policía francesa fue indispensable. Como escribió el general de las SS Oberg al jefe de la policía francesa [René] Bousquet en julio de 1942, mientras los dos servicios policiales solidificaban su acuerdo para trabajar juntos: “Estoy feliz de confirmar, además, que la policía francesa ha actuado hasta ahora de manera manera digna de reconocimiento.” Los alemanes nunca podrían haber logrado esto por sí solos.”—citado en Scullion (1998:112) (f)
FUENTES EN ESTA NOTA AL PIE:
(a) Simpson, C. (1988). Blowback: America’s Recruitment of Nazis and its Effects on the Cold War. New York: Weidenfeld & Nicholson. (pp.80-95)
(b) Bird, K. (1998). The Color of Truth: McGeorge and William Bundy, Brothers in Arms: A Biography. New York: Simon and Schuster.(p.106)
(c) Warner, C. M. (1998). Getting out the Vote with Patronage and Threat: The French and Italian Christian Democratic Parties, 1944-1958. Journal of Interdisciplinary History, 28(4), 553-582. (p.565)
(d) Gordon, B. M. (1995). The "Vichy Syndrome" Problem in History. French Historical Studies, 19(2), 495-518.
(e) Péan, P. (1994). Une jeunesse française: François Mitterrand, 1934-1947. Paris: Fayard. (pp.313-320)
(f) Scullion, R. (1998). Georges Perec, W, and the Memory of Vichy France. SubStance, 27, No.3(Special Issue (87): The Occupation), 107-129. (p.112)















Impresionante trabajo de investigacion, profesor Francisco, su obra tira al piso mas idolos que Abraham en la casa de su padre en Ur.
Creo que durante la fundacion del estado de Israel, muchos judios que habian colaborado con los nazis, judenrat o con otros nombres, tambien llegaron a Israel, y se decidio no investigarles, diciendo que somos todos hermanos.. me recuerda a la aversion, ahora, a investigar lo que paso en los altos cargos del ejercito e dia 7 de octubre.. por la unidad.. siempre hay una escusa.
Gracias por su trabajo, He leido sus libros en Amazon, esperando los proximos !!